Pedro Cabrera
1985
Cl 42 Cra 5 Coliseo cubierto
La obra titulada Apología del deporte, realizada en 1985 por el maestro Pedro Cabrera, corresponde a un mosaico monumental integrado a la fachada del Coliseo Menor de la ciudad de Ibagué.
La composición se desarrolla a gran escala y está elaborada mediante la técnica de mosaico con múltiples teselas que conforman una imagen de carácter dinámico y simbólico, relacionada con el movimiento y la actividad deportiva.
El mural presenta una estructura visual compuesta por formas abstractas, figuras estilizadas y elementos
simbólicos asociados al movimiento y la energía, los cuales se articulan a través de líneas diagonales, curvas y estructuras radiales que sugieren dinamismo y expansión.
La superficie del mosaico cuenta con la integración de trozos de botellas que fueron donadas por la empresa Postobon, con estos fragmentos de vidrio generan efectos de textura y luminosidad debido a la disposición de las teselas y a la interacción con la iluminación natural y artificial, lo que refuerza el carácter monumental y expresivo de la obra, la cual ha sufrido un proceso de restauración en el 2024 por parte del maestro Pedro Cabrera con la
supervisión y fondos de la secretaria de cultura
Valor estético
Desde el punto de vista formal, la obra presenta una composición de carácter abstracto y simbólico, en la que predominan formas orgánicas, líneas dinámicas y estructuras radiales que sugieren movimiento y energía.
La técnica del mosaico, junto con el uso de materiales
vítreos y cerámicos, permite generar efectos de textura, color y luminosidad que varían según la iluminación natural o artificial. Estos recursos plásticos refuerzan la relación entre la obra y la temática del dinamismo físico y deportivo.
Valor histórico
La obra se realizó en 1985, en un contexto de consolidación de la infraestructura deportiva
en la ciudad y de fortalecimiento de los espacios públicos asociados a la práctica del
deporte y la recreación. En este sentido, el mural constituye un testimonio del desarrollo
urbano y cultural de Ibagué durante la segunda mitad del siglo XX, así como de las
iniciativas que promovieron la integración del arte en equipamientos públicos.
Valor simbólico
Representa simbólicamente la energía, el movimiento y el esfuerzo asociados a la práctica deportiva. A través de una composición dinámica de formas abstractas, líneas diagonales y elementos radiales, el mural evoca la vitalidad del cuerpo humano en acción y la idea de superación colectiva.
La obra se convierte así en una representación visual del espíritu
deportivo y de los valores de disciplina, trabajo y competencia que caracterizan los espacios destinados a la actividad física y recreativa.
Significado Cultural
Desde el punto de vista cultural, el mural constituye un referente artístico significativo dentro del paisaje urbano de Ibagué, al formar parte del conjunto de escenarios deportivos ubicados en el entorno del Estadio Manuel Murillo Toro y del Coliseo Menor de Ibagué.
La obra contribuye a reforzar la identidad urbana del sector y se integra a una tradición local de intervenciones artísticas en equipamientos públicos. En este sentido, el mural no solo
cumple una función estética, sino que también actúa como un elemento de memoria colectiva asociado a la vida deportiva, social y cultural de la ciudad.
Biografía Pedro Cabrera
Artista Colombiano, nacido en el valle de laboyos (Pitalito Huila). Un destacado investigador del oficio del artista, estudió en las Escuelas de Bellas Artes de la Universidad del Tolima y la Universidad Nacional de Bogotá. Trabajador incansable, dedicó gran parte
de su investigación al muralismo. La gran calidad plástica y la fuerza de su visión creadora hacen de Pedro Cabrera un profesional entregado intensamente al arte. El talento de Pedro
Cabrera se expresa en su pintura a través de dos maneras: La vivacidad del color y las formas oníricas que habitan sus lienzos. El color, sugiere un universo alegre y compacto que atrapa la limpidez de su aplicación y por los contrastes logrados, que hacen del
espectador participe de la fiesta de la luz. La luz en su sombra afirma a través de los contrastes una multitud de planos y profundidades que sólo adquieren significado en la imaginación del espectador.
El color apela a la sensibilidad del espectador para instalarse en su corazón e incentivar procesos de identificación, bien a través de elementos de su conciencia, acumulados por la presencia continua de la cultura de la comunidad.
Las formas abstractas proclaman un universo diferente en dos sentidos: bien el espacio infinito, imaginable por lo desconocido,
donde el espectador puede hacer volar su imaginación y hasta sus deseos reprimidos, y de otro, un microcosmos donde también se solaza la posibilidad de otro mundo en equilibrio, igualmente desconocido.
La obra de Pedro Cabrera es, en sí misma, una nueva realidad que no violenta la experiencia vital de quien la mire sino, más bien, le sugiere una tranquilidad interior producto de una combinación de formas y colores capaz de hacer compartir la experiencia
creadora.