Descripción

Edilberto Calderon

1987

CC Arkacentro Cra 5 Cl 64

Escultura de granito en cemento blanco, denota un carácter ornamental integrada a una fuente interior, compuesta por una serie de volúmenes curvos superpuestos que evocan la forma de bateas o recipientes tradicionales.

La composición se desarrolla en sentido ascendente, mediante elementos cóncavos dispuestos en equilibrio, generando una estructura orgánica que sugiere movimiento y fluidez.

La pieza se ubica dentro de un espejo de agua de geometría irregular, articulándose con el entorno arquitectónico del centro comercial. El acabado monocromático en blanco resalta las formas y permite que la luz natural incida sobre las superficies, acentuando sombras y volúmenes.  

Valor Estético
basado en la repetición modular de formas orgánicas. La superposición de “bateas” crea ritmo visual y una sensación de crecimiento vertical. El lenguaje formal se sitúa entre la
abstracción y la referencia a objetos cotidianos, característica frecuente en la obra de Calderón. La relación con el agua refuerza la idea de fluidez, mientras que la textura lisa y el color blanco generan una lectura limpia y contemporánea.


Valor Histórico
La obra se enmarca en el desarrollo del Centro Comercial Arkacentro durante la década de 1980, momento en el cual se promovió la integración de obras artísticas dentro de espacios comerciales en la ciudad de Ibagué. Hace parte del conjunto de intervenciones realizadas por Edilberto Calderón en este complejo, evidenciando una etapa importante de su producción, en la que experimenta con formatos tridimensionales y su relación con la
arquitectura. Representa una de las primeras experiencias locales en incorporar escultura contemporánea dentro de espacios comerciales privados.

Biografía Edilberto Calderon
Edilberto Calderón nació en 1940 en Venadillo, un pueblo al norte del departamento del Tolima, lugar en el cual tuvo sus primeros referentes sobre el arte. Su experiencia estética inicial fue producto de una conjunción de vivencias que traduciría después en su obra
mediante formas y colores.

La práctica como acólito de la iglesia es la respuesta a la pregunta planteada acerca de su inclinación por el arte; para el maestro, este fue el lugar donde nació su vocación debido a la asociación de eventos visuales y sonoros que calaron profundamente en su ser.

Cuenta el maestro Calderón que la persona encargada de los oficios decorativos de la iglesia recibió de Bogotá una caja con retazos de vidrios de colores, que, para el entonces niño, parecía más un rompecabezas que una obra de arte. Sin embargo, con el tiempo se dio cuenta de que cuando se unían los pedazos se formaban
imágenes bíblicas que levitaban en el templo. Ese niño encontró personas amables en los jesuitas que visitaban la casa cural, con quienes compartía y disfrutaba los alimentos, y admiraba en ellos su forma de vestir y usar las palabras. Así, Edilberto inició el desarrollo
de su sensibilidad, en un lugar ajeno pero que devino familiar; un universo que juntaba lo religioso, lo ideológico y estético. Edilberto se movía en dos mundos.

Fue la iglesia y no su familia la que, por razones de atmósfera, la construcción del templo, las imágenes y los vitrales, lo sensibilizó con el mundo del arte. En contraste, el pequeño Edilberto fue testigo
de la forma como llegaban grupos de bandidos a la tienda de su tía y arrasaban con todo sin dejar un solo centavo.

También presenció sin filtro alguno los muertos que la violencia
dejaba como un gas letal y que se extendía más allá de los límites imaginarios del Municipio.

Los muertos políticos, los secuestrados y desparecidos cobraron especial relevancia en su obra como pintor.
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