Rosendo Gil
2012
Cl 42 Cra 5
Fuente ornamental de carácter escultórico ubicada en una glorieta vial, compuesta por un elemento central en concreto de forma abstracta con alusiones figurativas. La estructura principal presenta una silueta que sugiere simultáneamente una figura humana estilizada y una paloma en actitud de ascenso, generando una lectura ambigua entre lo orgánico y lo simbólico.
El volumen se configura mediante líneas curvas y vacíos internos que permiten la interacción entre forma y espacio. La escultura se eleva sobre una base circular integrada a un sistema acuático con chorros perimetrales. Alrededor de la fuente se disponen elementos cilíndricos que representan los cinco aros olímpicos, los cuales forman parte del sistema hidráulico e iluminación, activando la obra durante la noche. El conjunto se caracteriza por su acabado monocromático en blanco.
Valor Estético
La obra presenta un valor estético basado en la síntesis formal entre figuración y abstracción. La pieza central no representa de manera literal una figura, sino que sugiere múltiples lecturas a través de formas simplificadas y dinámicas. El uso de curvas, vacíos y tensiones estructurales genera una sensación de movimiento ascendente. La relación entre escultura y agua aporta dinamismo, mientras que la iluminación nocturna refuerza su impacto visual. El acabado blanco unifica el conjunto y permite destacar las variaciones de luz y sombra sobre la superficie.
Valor Histórico
La obra corresponde a una intervención urbana asociada a procesos de transformación de la ciudad, particularmente en relación con la adecuación de infraestructura deportiva y vial. Originalmente, el monumento se encontraba ubicado en la Plaza de Bolívar, siendo posteriormente reemplazado por la obra “Los hijos de Neptuno”. En este contexto, la escultura se trasladó a su ubicación actual en la carrera 5ta con calle 44. Este traslado se vincula a procesos de modernización urbana, incluyendo la ampliación de la vía y las intervenciones realizadas con motivo de los Juegos Nacionales de 1970, así como adecuaciones posteriores del entorno, como el complejo de piscinas olímpicas.
Valor Simbólico
Concebida como símbolo de armonía y convivencia, representando el ideal de la paz a través del movimiento del agua, la forma triangular y la luz nocturna. La obra se concibió como un homenaje a la paz, representada a través de la figura simbólica de la paloma. Al mismo tiempo, la forma sugiere la figura humana, estableciendo una relación entre individuo y naturaleza. La integración de los cinco aros olímpicos introduce una dimensión adicional, vinculando la obra con el deporte como práctica de encuentro, disciplina y construcción social. En conjunto, la escultura propone una lectura simbólica basada en la armonía entre paz, ser humano y actividad física, entendidos como pilares de la sociedad.
Significado Cultural
La fuente constituye un referente urbano dentro de una de las intersecciones más transitadas de la ciudad, funcionando como punto de referencia espacial y elemento de identidad local. Su presencia articula memoria urbana, transformación del espacio público y resignificación de la obra a través de su traslado. Asimismo, evidencia la integración del arte en proyectos de infraestructura y renovación urbana. El monumento mantiene vigencia como símbolo de valores colectivos paz, deporte y convivencia, aunque su lectura no siempre es plenamente reconocida por la comunidad.
Biografía
Rosendo Gil Sanabria nació en Ibagué (Tolima) el 4 de octubre de 1936, y falleció este lunes 25 de agosto del 2025, pero su historia quedó entrelazada para siempre con la Ciudad del Sol y del Acero. Aquí encontró el espacio para sembrar cultura: dirigió el Instituto de Bellas Artes y fundó junto a otros visionarios la Casa de la Cultura.
Su obra más visible —el Monumento a la Raza— se alza en el corazón de la ciudad, una pieza que no se limita a decorar, sino que dialoga con la historia muisca, rinde culto a la luz, al agua y proyecta identidad.
Creado en colaboración con el arquitecto Alberto Coy Montaña (q.e.pd.), el conjunto escultórico no es solo cemento y formas: es memoria tallada, una metáfora de la relación del hombre con su origen.
Hoy, mientras su nombre recorre los labios de quienes alguna vez aprendieron de él o se detuvieron a contemplar su legado, la ciudad lo despide.
Este miércoles 27 de agosto, en la parroquia San Judas Tadeo de su ciudad natal Ibagué, recibirá el último adiós.
Al cierre, quedan las esculturas, los cielos que él siempre miró y la memoria del artista humilde, de mano generosa, que hizo del barro y el cemento los cauces de la historia. Y aunque su voz ya no resuene, su obra seguirá hablando por él, día tras día, ante el sol de Sogamoso.